Ya hace un tiempo que deseo compartir un cambio de mirada que percibo en los procesos de separación y divorcio.
El paradigma sistémico ha supuesto una “revolución” en la mirada hacia las relaciones interpersonales, y para mí, su aportación en el campo de los procesos de pareja no ha sido menos.

Entran en mi despacho Pau y Mónica, han decidido separarse y alguien les ha hablado del trabajo de acompañamiento que hago en este tipo de procesos. La primera sesión la dedicamos a sentar las bases, desde donde trabajo y que les puedo ofrecer. Les cuento como atraviesa mi mirada la Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg, la sistémica, … y de la presencia y el Zen no les hablo porque confío en que les llegará a través de mi actitud profesional; el setting y la puesta en escena.

Empezamos por recoger su historia: cómo se conocieron, cuando tiempo ha durado su relación, la llegada de los hijos / as, que los lleva a separarse, … Durante el discurso realizo a la vista, y conjuntamente con ellos, el genograma; este conjunto de círculos y cuadrados que suponen la expresión gráfica de lo que constituye el sistema. Esta actividad nos permite hablar del sistema, qué es y qué pasa con él en el momento de la separación. Aquí viene la primera noticia sorpresa, cuando en el sistema hay hijos, a menudo pongo en palabras:
“Si veníais con la fantasía de que el final de vuestro proceso de separación es la ruptura, yo a la mía y el otro a la suya, “borrón y cuenta nueva”, … eso es IMPOSIBLE. Con la existencia de los hijos / as los seres humanos nos unimos para toda la vida, el sistema se irá adaptando a las circunstancias vitales, pero nunca desaparecerá”. Este es el primer cambio mental que las partes deben encajar…

Partiendo de esta nueva realidad el cambio de trabajo es evidente: el objetivo del proceso de mediación NO es establecer las condiciones de la ruptura, sino que es redefinir los términos de la relación, a la luz de las nuevas circunstancias. Esta relación marcada hasta entonces por dos tipos de vínculos: de pareja y la relación parental, .. se regirá en el futuro por la centralidad de la relación parental; este es el vínculo que los mantendrá unidos, …. y eso tiene sus matices.

Llegado a este punto Pau y Mónica empiezan a tomar conciencia de la dimensión del trabajo que les estoy planteando: por un lado habrá que poner la atención a los términos funcionales de la separación, y por otra parte, y a través de éstos, articularemos un trabajo más profundo de redefinición de la relación.

Para terminar la primera sesión comparto con ellos los 3 elementos importantes a no perder de vista, en relación a sus hijos y su salud emocional, y el proceso de separación:

  • El primer elemento fundamental para el crecimiento saludable de un niño es una mirada positiva de sus padres. Esto, tras la conversación mantenida, normalmente, no me queda ninguna duda de que existe de partida.
  • En segundo lugar, para un hijo/a es importante que sus padres tengan cuidado de sí mismos; procuren por su felicidad individual. Un hijo/a está, por definición, pendiente del estado de sus padres para compensar, inconscientemente, lo que él detecte como carencias. Esto les involucra en tareas que “no le tocan” mermando la energía que pueden poner en su propio desarrollo. Según esto, cuidarnos como padres es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos, ya que liberamos su energía para que la pongan en su vida, en su crecimiento, en lo que necesitan…

Por último, para un hijo/a toma una gran importancia la mirada mutua que tienen los padres entre sí. Una mirada positiva del padre hacia la madre y a la inversa, es absolutamente positivo para el hijo/a. Un niño/a tiene en él una parte del padre y una parte de la madre. Si se da el caso de que la madre o el padre tienen una mirada negativa hacia el otro, la tienen sin darse cuenta sobre la parte del hijo que proviene del otro. De esta manera, cuando el niño capta las críticas, los recelos, y por una cuestión de fidelidades, comienza a “ocultar” la parte que corresponda ante los padres. Así, ante la madre no mostrará aquellas cosas “que vienen del padre” y ante el padre no mostrará lo que él cree que le viene de la madre. El resultado, a menudo, es un niño bloqueado por imposibilidad de mostrarse completo, atrapado en las fidelidades; y con un sufrimiento por el sentimiento de traición.

Y así acabamos la primera sesión e iniciamos un camino de acompañamiento que tiene por objeto ayudar a los padres a la redefinición de la relación, teniendo presentes las leyes del sistema; en beneficio propio y sobre todo, de los elementos más frágiles de este: los hijos.
Los despido pidiéndoles que en la próxima sesión traigan una foto de sus hijos, porque a pesar de no formar parte del proceso los queremos tener en todo momento presentes; y los invito a “digerir”, lo escuchado, lo sentido,… a dejarse atravesar por el proceso.
Este acompañamiento es un “regalo”, también para mí, que aprendo en cada sesión, cada tramo,…
Doy las gracias a los Paus y a las Mónicas que confían en mí para hacer este trozo de camino.

Marta Ponce Mas

Enero de 2015
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